Recientemente uno de mis alumnos se me acercó en una clase a preguntarme si "me gustaba" su trabajo, al parecer estaba convencido que si "era bonito" obtendría una buena nota. Con un ejemplo tan pequeño se puede evidenciar lo que -a mi criterio- es la realidad de la mayoría de diseñadores y "diseñadores" en Honduras. Han olvido lo que le coloca la etiqueta de diseño al diseño, la funcionalidad.
La discusión no es de ahora, hace mucho ha sido el eterno debate entre diseñadores, ¿qué es lo más importante, que funcione bien o que se vea bien?, los defensores del lado estético alegan que, "si no se ve bien, entonces no llamará la atención y por lo tanto las personas no lo captarán", lo cual tiene mucho sentido, sin embargo el diseño se caracteriza -antes que muchas otras cosas- por cumplir una función, prácticamente es "el hijo" de una necesidad (que la mayoría de veces es comunicación y persuasión), así que si bien el detalle estético no se podrá dejar a un lado el principal criterio al momento de tomar decisiones de diseño deberá ser la funcionalidad, porque al final la pregunta no será "¿se mira bien?" sino "¿funciona?", y en ello está implícito lo meramente decorativo.
La tendencia actual de diseño parece ser una especie de neo-barroco, donde se tiene un temor por el espacio en blanco, los diseñadores rellenan la pieza con detalles (principalmente orgánicos) que "sirven" meramente como elemento decorativo/"inn". Al no haber tenido la educación necesaria se limitan a copiar el estilo (y en casos extremos los elementos mismos) de lo que ven publicado, dando lugar así a lo que tenemos hoy en día: revistas, diarios, vallas y demás repleto de información "extra" que no tiene razón de ser. Tienen miedo al espacio en blanco, creen que como les han pagado para "diseñar" ello implica que la página estará -necesariamente- repleta de imágenes, formas, texto y colores. Es un problema de criterio, porque aunque suene extraño, es más difícil justificar un espacio vacío que uno relleno.
El diseñador debería establecerse como estándar la elaboración de un racional creativo previo a su trabajo, y éste debería responder justo a las necesidades planteadas en el brief que el cliente rellenó. Resulta igualmente beneficioso para diseñador como para cliente trabajar de esta forma, primero le garantiza que es un profesional el que está detrás de su trabajo (y con profesional me refiero a una persona puede justificar su trabajo y que puede dar respuesta a los "por qués" y "cómos" que surjan) y para el diseñador es un ejercicio que constantemente le recordará la esencia de su profesión: dar solución a los problemas y/o necesidades del cliente.
En mi trabajo manejo un solo grito de batalla que tengo en mente siempre, y que me sirve como recordatorio de lo que estoy haciendo: "ofrecer soluciones estéticamente atractivos y estructuralmente funcionales".
La discusión no es de ahora, hace mucho ha sido el eterno debate entre diseñadores, ¿qué es lo más importante, que funcione bien o que se vea bien?, los defensores del lado estético alegan que, "si no se ve bien, entonces no llamará la atención y por lo tanto las personas no lo captarán", lo cual tiene mucho sentido, sin embargo el diseño se caracteriza -antes que muchas otras cosas- por cumplir una función, prácticamente es "el hijo" de una necesidad (que la mayoría de veces es comunicación y persuasión), así que si bien el detalle estético no se podrá dejar a un lado el principal criterio al momento de tomar decisiones de diseño deberá ser la funcionalidad, porque al final la pregunta no será "¿se mira bien?" sino "¿funciona?", y en ello está implícito lo meramente decorativo.
El miedo al espacio en blanco
La tendencia actual de diseño parece ser una especie de neo-barroco, donde se tiene un temor por el espacio en blanco, los diseñadores rellenan la pieza con detalles (principalmente orgánicos) que "sirven" meramente como elemento decorativo/"inn". Al no haber tenido la educación necesaria se limitan a copiar el estilo (y en casos extremos los elementos mismos) de lo que ven publicado, dando lugar así a lo que tenemos hoy en día: revistas, diarios, vallas y demás repleto de información "extra" que no tiene razón de ser. Tienen miedo al espacio en blanco, creen que como les han pagado para "diseñar" ello implica que la página estará -necesariamente- repleta de imágenes, formas, texto y colores. Es un problema de criterio, porque aunque suene extraño, es más difícil justificar un espacio vacío que uno relleno.
Es problema de criterio
El diseñador debería establecerse como estándar la elaboración de un racional creativo previo a su trabajo, y éste debería responder justo a las necesidades planteadas en el brief que el cliente rellenó. Resulta igualmente beneficioso para diseñador como para cliente trabajar de esta forma, primero le garantiza que es un profesional el que está detrás de su trabajo (y con profesional me refiero a una persona puede justificar su trabajo y que puede dar respuesta a los "por qués" y "cómos" que surjan) y para el diseñador es un ejercicio que constantemente le recordará la esencia de su profesión: dar solución a los problemas y/o necesidades del cliente.
En mi trabajo manejo un solo grito de batalla que tengo en mente siempre, y que me sirve como recordatorio de lo que estoy haciendo: "ofrecer soluciones estéticamente atractivos y estructuralmente funcionales".




